1. Parte por el formato del evento
No se calcula igual un matrimonio que un asado de tarde o un evento corporativo. La duración, el tono y la mezcla de bebidas cambian demasiado. Por eso conviene identificar primero el contexto general y recién después pensar en cantidades.
2. Trabaja con asistentes probables, no ideales
El error más frecuente es estimar consumo con el número perfecto de confirmados. En la práctica siempre conviene pensar en el escenario probable: gente que se suma, gente que llega más tarde y consumo distinto entre grupos de invitados.
3. Divide la noche en momentos
Cóctel, comida, sobremesa y fiesta no se comportan igual. Un evento largo suele repartir el consumo y cambiar la mezcla entre vino, espumante y destilados. Mirarlo por etapas ayuda mucho más que pensar en una sola cifra total.
4. Define el mix antes que la lista exacta
Antes de elegir marcas o etiquetas, conviene decidir el peso relativo entre vino, espumante, cerveza y destilados. Esa definición ordena toda la compra y evita terminar con exceso en una categoría que en realidad no iba a moverse tanto.
5. Usa margen de seguridad, no sobrecompra ciega
El objetivo no es acertar al peso. Es evitar quiebres sin convertir el excedente en un problema. Ahí entra la devolución aprobada: permite comprar con un colchón razonable y corregir después si quedaron productos cerrados en buen estado.